Pero ¿Por qué el dolor de estas cartas era tan fuerte? Es como si ellos hubieran plasmado realmente sus sentimientos, quitándose un dolor de encima para poder enfrentar los problemas, esto era realmente doloroso. Sin más que decir, Mel me arrebató el papel de las manos y se lo guardó en el pantalón. La entiendo, yo también me pondría así. Me levanté y guardé mi carta.
-Nos vamos Mel, ve a tu habitación y saca ropa que creas conveniente para ti…hay de todas edades y de todas las bandas, yo te alcanzo en unos momentos-le dije sin verla
Mel solamente asintió con la cabeza y salió de la habitación. Quería dejarla un rato a solas, después de todo…el estar en aquel lugar era muy desesperante y más porque estábamos secuestradas. Salí de esa habitación rumbo a la mía, mientras caminaba tuve recuerdos de mi vida pasada, cuando la felicidades hacía valer su nombre…cuando la guerra entre las dos especies seguía dormida, cuando estuve con Stephen…me gustaría que todo aquello volviese
-FLASHBACK-
1956. Ayr, Escocia…
Cuando los niños lobos comienzan a crecer, saben que su mundo de colores comienza a tornarse gris, negro y rojo. Las peleas dejan de ser un entretenimiento para ahora transformarse en un entrenamiento. Algunos lobos de entre 15 y 20 años son escogidos para formar una manada poderosa que ni los mismos lobos veteranos van a poder destruir, mientras que el resto de nosotros se dedica a ir a los colegios para aparentar que somos personas comunes y corrientes aunque debajo de esa capa, se encontraran reclutas listos para defender su raza. Extraño mi tierra mexicana, no se las razones por las que mi hermano Julián me trajo al viejo continente pero deben de ser buenas. En estos momentos me quedo con la mamá de Drew aunque él no esta en Escocia, su presencia sigue plasmada en esta casa…todo es tan aburrido aquí y mañana comienzo las clases con los humanos.
El día ha llegado y es momento de partir al Instituto de Escocia; al llegar al instituto, el olor solamente pertenecía a los humanos, no había alguien de mi especie ni mucho menos un…un asqueroso chupasangre. Es como si el mismos destino se hubiese encargado de no volver a verlos a ellos, los odiaba…sí ¿Por qué? No lo sé, mi hermanos siempre me dijo que son seres con aires de grandeza y que matan cuando los mismos lobos nos ponemos delante de ellos. Aunque me avergüence, aún no se transformarme.
Entrar al salón de clases fue algo extraño más porque todos los humanos fijaron sus miradas en mí, nadie se sentó a mi lado y eso me puso un poco deprimente pero eso se pasaría con el tiempo. Todos los alumnos, a pesar de que nadie se conocía, comenzaron a juntarse para formar sus típicos grupos de amigos.
-Que patéticos son los humanos cuando hacen de menos a los suyos-bufé
En ese momento, el timbre tocó y todos se sentaron en sus respectivos lugares, crucé mis brazos en mi escritorio y apoyé la cabeza. ¡Este sería un día muy largo! ¿Por qué no me escogieron para pertenecer a la manada? Ahí no me discriminarían ni por ser mujer, que nefasto era esto.
-Buenos días muchachos-
La voz no me sorprendió sino el aroma, alcé la cabeza y me quedé totalmente helada al ver a…un vampiro, un vampiro fingiendo ser humano para estar cerca de su alimento. Al ver al vampiro, no pensé en atacarlo…se veía como un ser pacífico, era extremadamente guapo, su piel blanca no era producto de su transformación…eso ya era un problema genético, tenía ojos color turquesa y sus labios eran rosados, ese color tan tentador, un momento ¡No puedo hablar así de un vampiro! Vestía elegantemente y realmente estaba hermoso. Sacudí la cabeza y estuve atento a lo que fuera a decir, en cuanto dejó los libros en el escritorio…su mirada se posó en mí, pero después la desvió.
-Bueno mi nombre es Stephen Farrelly, seré su maestro de literatura y quien hable con sus padres si llegan a bajar de calificaciones o si hay una conducta irrespetuosa tanto con sus maestros como hacía sus compañeros, no toleraré que molesten a alguien solamente por ser diferente-Stephen me miró-Ahora me dirán sus nombres…comenzamos contigo-señalándome a mí
-¿Yo? Maestro, sería mejor que comenzara otro-
-¿Por qué había de ser así? No has hablado con nadie, así que quisiéramos saber algo de ti-me sonrió-Por favor, ponte de pie-
Me levanté del asiento y me tragué mis emociones pero en ningún momento le quité la mirada a Stephen, su belleza era algo que no podía evitar.
-Mi nombre es Cali Rose, nací en México y hasta los 6 años viví en ese país, después mi hermano me trajo a este país, actualmente vivo con una amiga de mi hermano que quiero como mi mamá-
-¿Y tus padres?-preguntó un joven que dijo a burlas
-Mis padres fallecieron cuando estaban en Irlanda-cerré los ojos-Apenas y los recuerdo, pero no estoy sola porque tengo a mi hermano y a Elizabeth que es como mi madre-
-Aparte de extraña…huérfana-
Ante esto, todos comenzaron a burlarse a excepción de Stephen quien simplemente contemplo mi tristeza ¿Le llamaré la atención? No lo sé, solamente se que…iba a comenzar un vinculo tarde que temprano.
-¡Basta!-gritó Stephen-No permitiré que se burlen de su compañera-
-No hace falta maestro, estoy acostumbrada-me senté
-Gracias por tu información Srita. Rose-
Stephen asintió y después buscó a otro alumno para conocerlo. En ese momento en el que vi a los ojos del maestro Farrelly entendí que aunque fuésemos diferentes, algo sorpresivo pero amistoso nacería entre nosotros.
-DE VUELTA A LA REALIDAD-
Llegué a mi habitación, todo seguía igual…nada se había movido, pero los pétalos de las rosas ya estaban marchitos, la ventana seguía abierta…el viento soplaba. “Como me gustaría que mi hermano no me hubiese secuestrado” pensé; saqué una maleta del closet y eché poca ropa, la necesaria para estar en Canadá, mientras guardaba la ropa…alguien ingresó a mi habitación, me giré asustada y mi sorpresa era que quien había ingresado era Abel con algo envuelto en un pañuelo.
-Cali…-
-Abel, no lo había visto desde que llegué…supongo que Shawn le explicó todo-sonreí
-Efectivamente-se sentó en el borde de la cama, al lado de la maleta-¿A dónde vas?-
-Tengo que alcanzar a su hijo y a mis amigos, antes de que cometan una locura…esa depresión los va a llevar a su muerte-
-¿Cuál fue la razón de tu secuestro?-
-Mi hermano, esa fue la estúpida razón, junto con Drew, ambos quisieron hacerme cambiar de opinión respecto a ustedes-
-Ya veo, ojalá llegues a tiempo…toma-me entregó ese trozo de tela-Era de Stephen, estoy seguro que mi hijo hubiese deseado que poseyeras esto-
Tomé aquello y lo desenvolví, no podía creer que lo que sostenía en mis manos. Era la cruz celta, aquella a la que Stephen le era devoto, a la que le tenía extrema confianza y ahora yo la tenía conmigo. Me la puse y la escondí debajo de mi blusa.
-Cuidaré de esta y vengaré a Stephen, se lo prometo-
-Lo sé, hija, lo sé…ahora márchate, alcanza a mi hijo y, escúchame, ama a ese lobo como amaste a mi hijo-
-Claro, eso lo tengo dentro de mí…gracias por todo, Abel-
Cerré la maleta e hice una reverencia a Abel, después salí de la habitación a toda prisa. Ahí en el pasillo me encontré con Mel, quien ya tenía lista su maleta; las dos salimos corriendo y tomamos las llaves de un carro que nos pudiese llevar rápido a Canadá. Ese carro era negro y tenía vidrios polarizados, el problema del sol estaba resuelto. Las dos lanzamos las maletas al auto y ella subió al asiento del copiloto mientras yo encendía el auto.
-¿Crees que lleguemos a tiempo?-preguntó
-Claro, el concierto es en dos días ¿no? Bueno mañana estaremos ahí e impediremos ese concierto, están arriesgando su vida…Reider u otro miembro de sus híbridos intentaran matar a nuestros amigos-después encendí el auto
Era necesario llegar muy pronto a Canadá, a lo único que nos pudiésemos detener es para ponerle gasolina al auto pero eso no es tanta perdida. El auto arrancó y salí a toda velocidad del recinto vampirico. Íbamos en silencio, la verdad yo no tenía ganas de hablar y supongo que Mel estaba un poco cansada. Esto era el comienzo de nuestra partida a Canadá…
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